Ambas cosas. Obviamente, tenemos ciertos estándares del tipo de personas que nos gusta: rubio, moreno, de ojos claros, oscuros, etcétera. Por lo general nos atrae personas que comparten nuestros símbolos culturas y preferencias, pero hay algo que no podemos controlar: el aspecto químico o la atracción inconsciente.
Podemos sentir una atracción física a alguien que es opuesto a nosotros y si a eso le sumamos que existe una relación sexual muy buena, nos podemos enganchar con una persona que, si bien no era la que más nos gustaba, nos hace sentir locamente atraídos.
Si solo existe eso, esa poderosa atracción genera una idealización, y podríamos incluso a llegar a enamorarnos. En un principio las relaciones sexuales compensan todo, hasta que la fase de amor romántico acaba y las diferencias de la personalidad y de los mundos de los que proviene cada uno son demasiado grandes; entonces la relación termina. Lo ideal es encontrar una persona que comparta contigo un mundo parecido, pero que su histocompatibilidad sea completamente distinta a la tuya, para que exista una fuerte atracción; además, convendría que el sexo fuera fantástico y sus personalidades afines. Ufff, ¡qué difícil !¿verdad?Olmedo, S. (2010) Los misterios del amor y el sexo (1ra Ed.) Editorial Aguilar: México. Pp 64- 65
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